La miel en la prehistoria

Las abejas se extienden por todo el mundo, excepto en las zonas polares. Evidentemente las abejas salvajes son anteriores al hombre que pronto comenzó a domesticarlas para aprovechar de una manera controlada y previsible la miel. Los primeros hombre recolectaban la miel que encontraban en los huecos de los árboles y en las grietas de las rocas; pronto aprendieron a robar en estas colmenas naturales y no sería descabellado pensar que pronto aprendieron a apropiarse del rico nutriente de una manera selectiva, de tal forma que pasado un tiempo de maduración pudiesen volver a aprovechar la fuente de alimento. Las pinturas rupestres en la Cueva de la Araña, en Bicorp, Valencia, España, realizadas hacia el año 6.000 a.C. aproximadamente, recogen escenas de la recolección de miel por nuestros ancestros. Asimismo las pinturas rupestres de las cuevas de las Montañas Drakensberg, Natal, Suráfrica, cuyo parecido con las representaciones pictóricas valencianas es muy alto, a pesar de la enorme distancia que separa a ambas.

En primer momento el hombre primitivo depredada las colmenas que encontraba mientras recolectaba alimento, una vez localizado el emplazamiento de la colmena utilizaba fuego y humo para ahuyentar las abejas y apropiarse de la miel, estas actividades de recolección de una manera habitual acababan con la colonia. El método de recolección anterior aún se utiliza en algunas zonas del mundo y son llevadas a cabo por pueblos que no han aprendido el arte de la apicultura.

En su transformación de recolector a agricultor y ganadero asentado en un espacio territorial concreto el hombre comenzó a utilizar árboles huecos como sucedáneo de las colmenas salvajes como mejor método de procurarse la miel con un mínimo esfuerzo. No es difícil imaginar la transformación que siguió la Humanidad desde la recolección mas o menos azarosa hasta el cuidado intensivo de las abejas, transformando de esta manera las colmenas aisladas en una explotación especializada que permitía la simplificación del trabajo del cuidado diario de las abejas, facilitaba una más adecuada defensa frente a los depredadores y los elementos naturales, al mismo tiempo que evitaba el robo por los demás hombre.

Cuando la civilización da el salto de la recolección de miel al cuidado permanente de un colmenar, da paso al perfeccionamiento de la apicultura mediante el descubrimiento de nuevas técnicas, la invención de nuevas herramientas y la observación diaria de la biología de las abejas, elementos todos ellos que permitirán un aumento de la producción de miel y cera de los colmenares.

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