Los primeros estudios sobre la apicultura


Creative Commons Bogwan
D

urante varios miles de años de desarrollo en la apicultura, la comprensión de la biología y la ecología de abejas fueron muy limitadas y, además, el conocimiento quedaba oscurecido por el enigma, la superstición y el folklore. Los apicultores de la antigüedad creían que la abeja reina era un macho y lo llamaba el rey de las abejas; tampoco comprendían la manera que las abejas utilizaban para reproducirse. La situación permaneció igual hasta que en el siglo XVIII los filósofos naturalistas de Europa emprendieron el estudio científico de la vida de las abejas. Entre estos primeros científicos destacan Swammerdam, René Antoine, Ferchault de Réaumur, Charles, Bonnet y Francois Huber. Read More »

Las abejas tienen capacidad para contar hasta cuatro



Creative Commons Aaron Jacobs
L

as abejas tienen capacidad matemática y saben contar, aunque sólo hasta cuatro, según un estudio realizado por científicos alemanes de la Universidad de Würzburg, integrados en el equipo internacional de trabajo “BEEgroup”. El estudio que publica hoy la revista digital especializada “PLoS One” afirma que las abejas tienen la misma habilidad que un chimpancé a la hora de distinguir objetos, aunque si se trata de contarlos no van más allá de cuatro. Read More »

El ahumador



Apicultor ahumando la colmena
Creative Commons KrisFricke
E

l ahumador es un aparato que se usa en la apicultura para calmar a las abejas. El hecho de que el humo tranquiliza a las abejas es conocido desde tiempos muy antiguos; sin embargo, la explicación científica era ignorada hasta el siglo XX y, aún hoy, no está completamente desvelado el mecanismo. El humo enmascara las feromonas de alarma que son emitidas por las abejas guardianas o por las abejas que son dañadas durante la manipulación de las colmenas. La utilización del humo permite al apicultor abrir la colmena y trabajar en ella de una manera más fácil y cómoda, puesto que las respuestas defensivas de la comunidad están interrumpidas. Por otro lado, el humo induce a las abejas a alimentarse en previsión de tener que abandonar la colmena ante un incendio; esta comida forzada hace que se distienda el abdomen de los insectos, de tal forma que no pueden hacer con el cuerpo la flexión necesaria para clavar el rejo. Read More »

La miel en la prehistoria

Las abejas se extienden por todo el mundo, excepto en las zonas polares. Evidentemente las abejas salvajes son anteriores al hombre que pronto comenzó a domesticarlas para aprovechar de una manera controlada y previsible la miel. Los primeros hombre recolectaban la miel que encontraban en los huecos de los árboles y en las grietas de las rocas; pronto aprendieron a robar en estas colmenas naturales y no sería descabellado pensar que pronto aprendieron a apropiarse del rico nutriente de una manera selectiva, de tal forma que pasado un tiempo de maduración pudiesen volver a aprovechar la fuente de alimento. Las pinturas rupestres en la Cueva de la Araña, en Bicorp, Valencia, España, realizadas hacia el año 6.000 a.C. aproximadamente, recogen escenas de la recolección de miel por nuestros ancestros. Asimismo las pinturas rupestres de las cuevas de las Montañas Drakensberg, Natal, Suráfrica, cuyo parecido con las representaciones pictóricas valencianas es muy alto, a pesar de la enorme distancia que separa a ambas.

En primer momento el hombre primitivo depredada las colmenas que encontraba mientras recolectaba alimento, una vez localizado el emplazamiento de la colmena utilizaba fuego y humo para ahuyentar las abejas y apropiarse de la miel, estas actividades de recolección de una manera habitual acababan con la colonia. El método de recolección anterior aún se utiliza en algunas zonas del mundo y son llevadas a cabo por pueblos que no han aprendido el arte de la apicultura.

En su transformación de recolector a agricultor y ganadero asentado en un espacio territorial concreto el hombre comenzó a utilizar árboles huecos como sucedáneo de las colmenas salvajes como mejor método de procurarse la miel con un mínimo esfuerzo. No es difícil imaginar la transformación que siguió la Humanidad desde la recolección mas o menos azarosa hasta el cuidado intensivo de las abejas, transformando de esta manera las colmenas aisladas en una explotación especializada que permitía la simplificación del trabajo del cuidado diario de las abejas, facilitaba una más adecuada defensa frente a los depredadores y los elementos naturales, al mismo tiempo que evitaba el robo por los demás hombre.

Cuando la civilización da el salto de la recolección de miel al cuidado permanente de un colmenar, da paso al perfeccionamiento de la apicultura mediante el descubrimiento de nuevas técnicas, la invención de nuevas herramientas y la observación diaria de la biología de las abejas, elementos todos ellos que permitirán un aumento de la producción de miel y cera de los colmenares.

Tipos de colmenas en la antigüedad

Podemos afirmar que la apicultura comenzó cuando los hombres aprendieron a controlar los que hoy llamamos el apiario o colmenar, es decir, un lugar en que se disponían las colmenas.

Ahora nos preguntamos sobre cuál eran las formas que los hombres primitivos tenían para elaborar las colmenas y sobre todo, cuáles eran los materiales que utilizaban en la construcción de estas colmenas. En una primera aproximación al tema, es indudable que construirían los habitáculos con los materiales que más tenían a mano, es decir con aquéllos elementos que eran más abundantes en la zona. No es difícil imaginar que la primera colmena construida por el hombre fuese aprovechando el tronco de una árbol, entre otras razones porque las abejas estado salvaje utilizan estos elementos presentes en los bosques para construir las colmenas silvestres. En Europa después del cuaternario abundaban los bosques y en ellos previsiblemente se dieron las condiciones necesarias para que se produjese este aprendizaje por parte de los primitivos europeos. La técnica usada es simple: consiste en separar la parte del tronco que está hueca del resto del árbol mediante la utilización de hachas de piedra y, una vez realizada la operación, transportar la colmena recién fabricada a una lugar conveniente, generalmente  a resguardo de depredadores y de elementos metereológicos.

Las cortezas de los árboles también pueden ser adecuadas para la construcción de colmenas. Los alcornoques de los bosques de  Europa mediterráneas son ricos en corcho que permitiría la construcción de habitáculos adecuados para la cría artificial de abejas. No podemos desdeñar la posibilidad que nuestros antepasados hayan fabricado colmenas mediante la utilización de tablones unidos entre sí.

Los habitantes de territorios áridos donde la presencia de árboles es mínima o inexistente también encontrarían métodos para la construcción de corchos que permitiesen la práctica de la apicultura. Las palmeras tan presentes en las zonas desérticas de la tierra son adecuadas para este menester si se procede a vaciar los troncos, método aún se usa en Canarias.

Otra posibilidad que todavía está presente en distintas culturas es la elaboración de colmenas mediante vasijas de barro. Estas vasijas destinadas a contener enjambres de abejas para su explotación están datadas desde hace más de cinco mil años u aún hoy se utilizan en determinados países del Mediterráneo. Una variante más sofisticada de las vasijas de barro fue inventada por los egipcios y consistía en apilar tubos hechos con barro, en cuyo interior se colocaba una colmena, permitiendo manejar apiarios de forma económica a la vez que se aprovechaba el espacio disponible.