La inteligencia de las abejas

Investigaciones recientes han proporcionado información sobre algunas de las capacidades cognitivas de las abejas. Estos resultados son impresionantes teniendo en cuenta el diminuto cerebro de estos animales. Asimismo se han puesto de manifiesto algunas habilidades fascinantes que asemejan a estos insectos con los seres humanos.

Por ejemplo, las abejas reconocen las caras humanas y tienen la suficiente habilidad para discernir entre dos caras humanas distintas. Por otro lado, tal como hacen las personas tienen dificultades para reconocer rostros si están invertidos ciento ochenta grados.

Además, las abejas pueden contar hasta cuatro objetos cuando los encuentran sucesivamente en su ruta de pecoreo. Parece que las abejas pueden ayudarse en su navegación en busca de alimentos mediante el reconocimientos de los hitos importantes que encuentran en el camino, siempre que su número no sea mayor de cuatro.

Fuente: Beeologics

Feromona de las pecoreadoras

El descubrimiento de una feromona desvela el secreto químico que permite que las abejas adultas obliguen las jóvenes abejas cuidadoras a hacerse cargo de la cría de la colmena en lugar de salir al campo a pecorear.

El entomólogo Zachary Huang publicó (Regulation of Behavioral Maturation in Honey Bees by a New Primer Pheromone” is publishing in Proceedings of the National Academy of Science Biological Sciences, Population Biology, Early Edition the week of Nov. 29. ) que, de alguna manera, las viejas abejas pecoreadotas ejercen influencia sobre las jóvenes abejas cuidadoras de la colmena, de tal forma que las mantienen al servicio del cuidado de la cría hasta que sean lo suficiente maduras para salir al campo. En la colmena existe un exquisito equilibrio entre las pobladoras que salen a recolectar néctar y polen, las abejas que defienden la colmena y aquellas que crían las larvas. Huang ha documentado que el equilibrio del balance está controlado por las abejas adultas, que suelen pecorear de una a tres semanas del total de su vida que, recordemos, se cifra en unas cinco semanas. Experimentalmente ha sido demostrado que si un número significativo de abejas forrajeras no regresa de sus batidas por el campo, las jóvenes abejas maduran antes de lo previsto y se convierten a su vez en abejas pecoreadotas que sustituyen a las que han desparecido. Read More »

Las abejas y el agua


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as abejas necesitan el agua para la alimentación. La alimentación que las obreras criadoras secretan y proporcionan a las crías contiene alrededor de un setenta por ciento de agua. Las obreras necesitan para producir este alimento, el llamado pan de abeja,  miel, polen y agua.

Durante los meses de verano las abejas necesitan agua para refrescar la colmena. La temperatura en el interior de la colmena debe de permanecer en el entorno de los treinta y cinco grados. En la época estival las obreras acarrean agua desde charcas, acequias, charcos producidos por las tormentas, goteo de los refrigeradores de aire acondicionado, piscinas, y de cualquier otro lugar que les sea accesible. Cuando las obreras retornan a la colmena depositan las gotas de agua en el interior de una celdilla vacía. Otras abejas se ocupan de mover sus alas como un ventilador para lograr que el aire circule por el interior de la colmena; de esta manera el agua se evapora a la vez que circula el aire y la colmena disminuye su temperatura interior.

Las abejas pueden volar varios kilómetros para encontrar agua y acarrearla a la colmena, sin embargo, podemos ayudarlas, ahorrandoles gasto energético ytrabajo, si colocamos una fuente de agua en las proximidades del apiario; actuando así ahorraremos la energía y el tiempo que las abejas dedican a esta necesidad.

Una posibilidad para que las abejas abreven el agua es colocar un recipiente en el que floten algunos trozos de madera, de esa manera las abejas pueden posarse fácilmente para consumir el líquido. Los recipientes no deben estar enfrente de las salidas de las colmenas pues en esa zona las abejas dejan caer las heces y los individuos que mueren.

Sentidos del gusto y el olfato en las abejas


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as abejas de la miel tienen mucho mejor el sentido del olor que las moscas o mosquitos de la fruta, sin embargo, tienen el sentido del gusto mucho peor, según sostienen investigadores de la Universidad de Illinois.

El genoma de la abeja de la miel revela un notable desarrollo de los receptores odoríficos en comparación con las moscas y mosquitos de la fruta; por otro lado, el mismo estudio del genoma revela una menor proporción en los receptores del gusto.

Las abejas (Apis millifera) poseen 170 receptores del olor, mientras que las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster)  tienen 62 y los mosquitos (Anopheles gramblae) 79. El superior número de receptores odoríficos de la abeja es la base de sus notables capacidades olfativas, lo cual también incluye la percepción de las feromonas, el reconocimiento de los congéneres y la comunicación social dentro de la colmena.

Asimismo, las abejas utilizan el olor para la localización de alimentos. Las abejas pecoreadoras cuando salen al campo disponen de una cantidad enorme de flores para libar, sin embargo, eligen en base a sutiles señales olfativas. El gran número de receptores del olor permite a las abejas encontrar una clase determinada de alimentos y, por otro lado, comunicar la localización a las otras abejas de la colmena.

El bajo número de receptores del gusto en las abejas puede ser explicado en términos evolutivos ya que las plantas mantienen con las abejas relaciones de beneficio mutuo. Las abejas encuentran alimento en las plantas, mientras que éstas son polinizadas con una mayor efectividad; de esa manera las plantas no han tenido que defenderse evolutivamente de la presencia de las abejas, sino más bien al contrario, ya que les son útiles para su propia reproducción; por tal causa las plantas no han desarrollado toxinas que disuadan a las abejas de libar en sus flores y tampoco estos insectos han desarrollado en demasía los receptores que permitirían detectar los eventuales venenos.

Si bien las abejas de la miel no necesitan de un elevado número de receptores del gusto, en cambio necesitan una mayor cantidad de receptores del olfato que sean capaces de detectar señales químicas, tales como las feromonas, las cuales controlar la actividad social dentro de la colmena.

Por ejemplo, las antenas de los zánganos están especialmente adaptadas para detectar las feromonas de la reina ya que su única tarea es fecundar a la reina virgen.

Fuente: Material adaptado procedente de la Univesity of Illinois at Urbana-Champaign y publicado en Science Daily

Hugh Robertson, professor of entomology and an affiliate of the university’s Institute for Genomic Biology.

La glándula de Nasanoff


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as abejas son especialmente sensibles al olor de unos productos químicos que ellas mismas producen y que utilizan para comunicarse, se trata de las feromonas. Las feromonas son unas sustancias bioquímicas usados por los insectos para interaccionar con otros de su propia especie. Los insectos que forman a colonias (las abejas de la miel y algunas otras abejas, hormigas, algunas avispas, termitas, etc.) organizan su vida social mediante la utilización de feromonas.

En las abejas de la miel la glándula Nasanoff se ubica en la parte dorsal del abdomen. Cuando las abejas no están excitadas, la glándula está cubierta, pero si la abeja adopta una posición para llamar a sus congéneres se le dilata el abdomen y entonces la glándula surge al exterior, se forma entonces una raya blanca, denominada surco o canal odorífero. La sustancia liberada actúa como una feromona; es decir, como de transmisor químico

Las abejas obreras se comunican mediante varios tipos de feromonas. Una de ellas se excreta desde una glándula en la extremidad del abdomen, la glándula de Nasanoff. Las abejas utilizan la feromona de la glándula Nasanoff cuando la colonia necesita juntarse. Es como si una abeja dijese a las demás: , “Ven, no te pierdas, el resto de la colonia está aquí.”

Por ejemplo, cuando capturamos un enjambre y lo encerramos en una colmena, o cuando compramos una partida de estos insectos, varias docenas de abejas obreras se encaramarán en la piquera de la colmena y allí expandirán las glándulas de Nasanoff y moverán sus alas para aventar el olor. De esta manera, las abejas que eventualmente hayan quedado fuera de la caja serán guiadas por el olor para entrar en la colmena. Si en este momento el apicultor se inclina cerca de la piquera en la que las abejas están esparciendo el olor mediante el batir de sus alas, podrá percibir el olor que emiten: es un olor parecido al té de hierba limón y en su composición intervienen algunos de los principios químicos del té.

Las abejas obreras también utilizan sus glándulas de Nasanoff al viajar como enjambre en búsqueda de un nuevo asentamiento. Las abejas  exploradoras – que ya han seleccionado el lugar más adecuado para asentarse- llaman al resguardo encontrado al resto de la colonia lanzando esta feromona. Si nos encontramos en las proximidades de un enjambre notaremos un agradable olor que es emitido por estas glándulas, resulta agradable caminar al lado de un enjambre que está moviéndose por el campo.

Aspectos de la vida social de las abejas

En este video se muestran distintos aspectos de la vida social de las abejas. Empieza con una vista general del apiario y la apertura de un colmena para extraer un cuadro. Contiene primeros planos de la actividad de la reina. Corresponde al canal de camilolorca en Youtube.