Isaac Hopkins en su libro ‘The Australasian Bee Manual’, 1886, recomienda introducir celdas reales a la hora de formar los núcleos.
Provisto de una caja para formar núcleos, unos cuantos cuadros de recambio y algunos alfileres largos, voy a la colmena elegida, y sin buscar a la reina excepto echando una rápida mirada sobre los cuadros, tomo alguno e inserto las celda real rápidamente. En lugar de perder el tiempo tratando hacer una buen colocación, hago un hueco en un cuadro del tamaño que crea apropiado al ancho de la celda y acoplo esta en el hueco y luego la fijo al cuadro utilizando los alfileres, aunque, a veces es suficiente con uno.
En ocasiones la fijación se puede simplificar si encontramos una pequeña depresión en la cera labrada del cuadro, entonces podríamos ahorrarnos realizar el hueco necesario para la fijación. Con este método puedo insertar celdas reales para formar un núcleo en poco tiempo. Si viésemos a la reina durante esta operación, colocamos el cuadro que la contiene a un lado hasta que acabemos.
Si no vemos la reina sólo podría significar la pérdida de una celda real, lo cual está más que compensado por el tiempo que perderíamos si tratásemos obstinadamente de encontrarla. He perdido frecuentemente un tiempo considerable tratando de encontrar una reina en una colonia fuertemente poblada y si hubiese tenido en cuenta la anterior reflexión lo hubiera ganado. El profesor Cook recomendaba insertar la celda real veinticuatro horas después de la formación del núcleo, pero añadía: “Nosotros podemos insertarla pronto, pero siempre existe el riesgo de que la célula sea destruida”.
Muy raramente encuentro una celda destruida y pienso que el riesgo probablemente es mayor cuando permitimos que las abejas comiencen a construir celdas reales antes de darles una. Ocasionalmente puede suceder que una colonia no acepte una celda real cuando ha quedado huérfana durante poco tiempo. Cuando ello ocurre deberíamos proteger la celda en una caja hasta que emerja la reina.
