Sentidos del gusto y el olfato en las abejas


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as abejas de la miel tienen mucho mejor el sentido del olor que las moscas o mosquitos de la fruta, sin embargo, tienen el sentido del gusto mucho peor, según sostienen investigadores de la Universidad de Illinois.

El genoma de la abeja de la miel revela un notable desarrollo de los receptores odoríficos en comparación con las moscas y mosquitos de la fruta; por otro lado, el mismo estudio del genoma revela una menor proporción en los receptores del gusto.

Las abejas (Apis millifera) poseen 170 receptores del olor, mientras que las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster)  tienen 62 y los mosquitos (Anopheles gramblae) 79. El superior número de receptores odoríficos de la abeja es la base de sus notables capacidades olfativas, lo cual también incluye la percepción de las feromonas, el reconocimiento de los congéneres y la comunicación social dentro de la colmena.

Asimismo, las abejas utilizan el olor para la localización de alimentos. Las abejas pecoreadoras cuando salen al campo disponen de una cantidad enorme de flores para libar, sin embargo, eligen en base a sutiles señales olfativas. El gran número de receptores del olor permite a las abejas encontrar una clase determinada de alimentos y, por otro lado, comunicar la localización a las otras abejas de la colmena.

El bajo número de receptores del gusto en las abejas puede ser explicado en términos evolutivos ya que las plantas mantienen con las abejas relaciones de beneficio mutuo. Las abejas encuentran alimento en las plantas, mientras que éstas son polinizadas con una mayor efectividad; de esa manera las plantas no han tenido que defenderse evolutivamente de la presencia de las abejas, sino más bien al contrario, ya que les son útiles para su propia reproducción; por tal causa las plantas no han desarrollado toxinas que disuadan a las abejas de libar en sus flores y tampoco estos insectos han desarrollado en demasía los receptores que permitirían detectar los eventuales venenos.

Si bien las abejas de la miel no necesitan de un elevado número de receptores del gusto, en cambio necesitan una mayor cantidad de receptores del olfato que sean capaces de detectar señales químicas, tales como las feromonas, las cuales controlar la actividad social dentro de la colmena.

Por ejemplo, las antenas de los zánganos están especialmente adaptadas para detectar las feromonas de la reina ya que su única tarea es fecundar a la reina virgen.

Fuente: Material adaptado procedente de la Univesity of Illinois at Urbana-Champaign y publicado en Science Daily

Hugh Robertson, professor of entomology and an affiliate of the university’s Institute for Genomic Biology.