Los núcleos

Los núcleos son colmenas de reducidas dimensiones que, a pesar de tener todas las medidas estándares de las colmenas al uso, tienen un menor número de cuadros, por lo general, tres o cuatro cuadros son suficientes para que este tipo de colmena cumpla con la finalidad de ser el inicio de una nueva colmena tipo.  El núcleo es una herramienta muy eficaz en apicultura porque permite mantener disponibles reinas, bien sea mediante la fusión del núcleo con otra colmena o por el trasplante de la reina sin las restantes abejas que le acompañan en el núcleo. Read More »

La vida de las abejas obreras


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as obreras tienen una vida más compleja y flexible que la vida de la reina o los zánganos. En apicultura todavía estamos lejos de entender todas las imbricaciones y las interacciones entre las abejas obreras, tampoco conocemos con exactitud la totalidad de las tareas que realizan en la vida social de las colmenas. A continuación vamos a dar una breve descripción.

Una cría de obrera cuando termina su desarrollo se encuentra en el interior de una celda de crianza y para salir al exterior roe el opérculo. Podemos observar a las jóvenes obreras que están saliendo del interior de las celdas si examinamos un cuadro con cría encapsulada. Después de que hayan transcurrido algunas horas desde su nacimiento, la joven abeja obrera puede ser reconocida por su pelo levemente blanquecino y sus torpes movimientos, es incapaz de picar o de volar durante su primer día de vida adulta y se alimenta de miel y polen con la finalidad de completar su desarrollo. El segundo día empieza a ayudar a la colonia con la primera de una serie de tareas: limpiar las celdas. Algunos días después se desarrollan sus glándulas de alimentación de las crías y empieza a secretar alimento destinado a las larvas. También acepta el alimento líquido que otras abejas le proporcionan y, a su vez, lo traspasa a las larvas y otras abejas. Días después alcanza la madurez necesaria para empezar a producir cera a través de las ocho glándulas que posee debajo del abdomen. Si la colonia necesita nuevos panales de cera, puede participar produciendo escamas de esta sustancia desde su abdomen y  moldeándola en forma de celdas hexagonales. Las obreras que son una o dos semanas más viejas pueden guardar la entrada, madurar la miel, forzar la circulación del aire a través del interior de la colmena mediante el batir de sus alas. Las obreras cambian de actividad a medida que envejecen y según las necesidades de la colmena.

A las dos o tres semanas la obrera realiza su primer vuelo de pruebas fuera de la colmena. La abeja se transforma, por así decirlo, de una abeja de colmena en una abeja de campo. En este primer vuelo traza círculos alrededor de la colmena que le sirve para ubicarla y memorizar las marcas que le permitirán localizarla. Después de un día o dos comienza a pecorear las flores de los alrededores de la colmena, recolectando néctar o polen, o ambas cosas. Luego que descubre una inflorescencia, se especializará en este tipo de flores ya que le gusta especializarse, porque pronto aprende a recolectar polen y néctar de un tipo determinado de flores y, asimismo, cuales son los sitios donde crecen y son abundantes. La especialización es una parte importante de la vida de la colmena. Algunas abejas también se especializan en la recolección de propóleo o en el acarreo de agua.

Durante la primavera y el verano la vida de la abeja obrera está más dedicada al cuidado de la cría y al forrajeo. Una obrera pecoreadora volará cada día muchos kilómetros y los bordes de sus alas se destrozan. Las obreras raramente viven más de dos meses en esta época. Las abejas que nacen a principios del otoño están destinadas a ser las habitantes de la colmena durante el invierno. Su trabajo en el invierno será arracimarse para producir calor. Las abejas supervivientes del invierno serán las que forrajeen y crien una nueva generación de jóvenes obreras que las reemplazarán. Las abejas de invierno deben vivir de cuatro a seis meses para ser capaces de realizar este proceso de supervivencia de la colmena. Por esta razón el apicultor debe conservar en el otoño tantas abejas como sea posible.

Un buen apicultor debe ser consciente de las diferentes tareas que realizan las abejas y la relación de estas tareas con la edad. Así:

  • Si el apicultor quiere dividir la colmena en dos o más núcleos, es conveniente dividirlas de forma que se repartan equitativamente el número de abejas jóvenes y viejas, o sea, que se aproximadamente igual en cada colmena el número de abejas forrajeras y el número de obreras que realizan otras actividades.
  • Se puede reintroducir una reina mejor en una colmena si se la pone en contacto con las abejas jóvenes.
  • Si una colmena se mueve durante el día se perderán muchas de las abejas pecoreadoras experimentadas y nos quedaremos sólo con las abejas jóvenes que están especializadas en la cría.

Sentidos del gusto y el olfato en las abejas


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as abejas de la miel tienen mucho mejor el sentido del olor que las moscas o mosquitos de la fruta, sin embargo, tienen el sentido del gusto mucho peor, según sostienen investigadores de la Universidad de Illinois.

El genoma de la abeja de la miel revela un notable desarrollo de los receptores odoríficos en comparación con las moscas y mosquitos de la fruta; por otro lado, el mismo estudio del genoma revela una menor proporción en los receptores del gusto.

Las abejas (Apis millifera) poseen 170 receptores del olor, mientras que las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster)  tienen 62 y los mosquitos (Anopheles gramblae) 79. El superior número de receptores odoríficos de la abeja es la base de sus notables capacidades olfativas, lo cual también incluye la percepción de las feromonas, el reconocimiento de los congéneres y la comunicación social dentro de la colmena.

Asimismo, las abejas utilizan el olor para la localización de alimentos. Las abejas pecoreadoras cuando salen al campo disponen de una cantidad enorme de flores para libar, sin embargo, eligen en base a sutiles señales olfativas. El gran número de receptores del olor permite a las abejas encontrar una clase determinada de alimentos y, por otro lado, comunicar la localización a las otras abejas de la colmena.

El bajo número de receptores del gusto en las abejas puede ser explicado en términos evolutivos ya que las plantas mantienen con las abejas relaciones de beneficio mutuo. Las abejas encuentran alimento en las plantas, mientras que éstas son polinizadas con una mayor efectividad; de esa manera las plantas no han tenido que defenderse evolutivamente de la presencia de las abejas, sino más bien al contrario, ya que les son útiles para su propia reproducción; por tal causa las plantas no han desarrollado toxinas que disuadan a las abejas de libar en sus flores y tampoco estos insectos han desarrollado en demasía los receptores que permitirían detectar los eventuales venenos.

Si bien las abejas de la miel no necesitan de un elevado número de receptores del gusto, en cambio necesitan una mayor cantidad de receptores del olfato que sean capaces de detectar señales químicas, tales como las feromonas, las cuales controlar la actividad social dentro de la colmena.

Por ejemplo, las antenas de los zánganos están especialmente adaptadas para detectar las feromonas de la reina ya que su única tarea es fecundar a la reina virgen.

Fuente: Material adaptado procedente de la Univesity of Illinois at Urbana-Champaign y publicado en Science Daily

Hugh Robertson, professor of entomology and an affiliate of the university’s Institute for Genomic Biology.

La feromona de la cría abierta

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uando la reina de una colmena desaparece las obreras empiezan a poner huevos. Esta situación nunca se producirá si, aun careciendo de reina, la colmena todavía tiene panales con cría. La feromona de la cría abierta (BP o Brood Pheromone) impide la construcción de celdas reales, también impulsa a las obreras a cuidar de los huevos que han sido puestos por la reina y, además, no permite que los ovarios de las abejas obreras se desarrollen. Cuando desaparece la reina de una colmena, como es obvio, también desaparecen las puestas de huevos en las celdillas destinadas a la cría y, por ende, al cabo de unos días no encontraremos larvas, que se habrán transformado en pupas y éstas en abejas adultas. Antes de de que transcurran treinta días sin que haya aparecido una reina (puede introducirse artificialmente) , las obreras desarrollarán sus ovarios debido a que ha desaparecido la feromona de la cría abierta, tras este cambio fisiológico estas obreras estarán en disposición de comenzar a poner huevos que no están fecundados; mejor cabría decir que las obreras comienzan a poner óvulos que no están fecundados. Esta actividad atípica de la colmena tiene como resultado que, al cabo de unas semanas, la colmena se puebla de zánganos haciendo inviable la continuidad de la comunidad.

Por otro lado, la presencia de la feromona de la cría abierta estimula a las abejas pecoreadoras en búsqueda de polen. Los investigadores de la apicultura consideran muy probable que la presencia de larvas de zánganos impulse más a las pecoreadoras a la búsqueda de polen que la presencia de larvas de abejas obreras, esta podría ser la explicación de la mayor presencia de polen en las colmenas zanganeras.

Estructura de la colmena


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na colonia de abejas domésticas normalmente viven en una colmena rectangular, asentadas en ocho o diez cuadros colocados de forma paralela, estos cuadros contienen los huevos, las larvas, las pupas y el alimento necesario para el sustento de la comunidad. Si efectuamos un imaginario corte longitudinal al cuerpo de la colmena, la cría aparecerá formando una esfera ovalada que abarca de cinco a ocho cuadros. Los cuadros laterales de la colmena suelen ser utilizados por las abejas para guardar las provisiones de miel y polen.

Si examinamos un cuadro situado en el centro del nido de cría veremos que, normalmente, los huevos forman un disco central y las larvas y las celdillas selladas con la cría se extenderán, partiendo del centro, hacia los bordes del cuadro. A continuación del círculo de cría, extendiéndose alrededor, encontramos un arco de celdillas rellenas de polen y, siguiendo hacia el borde del cuadro hasta completarlo, localizamos celdas rellenas de miel. El polen es un alimento rico en proteínas, que es adecuado para el desarrollo de las larvas; mientras que la miel constituye un alimento más energético pero menos rico en proteínas. Las abejas cuidadoras, una vez que se han alimentado con miel y polen, secretan una sustancia llamada jalea real que sirve para el desarrollo de la cría. La cantidad de jalea real que las abejas cuidadoras proporcionan a cada una de las larvas para su alimentación, determinará si ésta se transformará en una abeja reina o en una abeja obrera.

Aparte de la miel que se encuentra almacenada en los cuadros centrales de cría, las abejas almacenan la miel excedentaria en los panales situados encima del nido. En la apicultura moderna el colmenero coloca sobre la caja de cría una caja suplementaria dotada de cuadros con cera estampada, a fin de que las abejas depositen en ellos la miel sobrante del proceso de cría. Este procedimiento permite al apicultor retirar la caja suplementaria añadida al final del verano y, de esta manera, extraer el exceso de miel sin dañar la colonia, ni sus nidos de cría, que están situados en la caja de debajo. Si el apicultor retira toda la miel, incluyendo la necesaria para la supervivencia en el invierno, debe reemplazar la miel de reserva proporcionando a las abejas sirope en el otoño.

La reina



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na colonia de abejas se estructura socialmente en tres castas de abejas:

  • La reina, que es, normalmente la única abeja hembra fértil.
  • Las obreras, cuya cantidad en una colmena oscila entre las treinta mil y los cincuenta mil individuos.
  • Los zánganos, cuyo número fluctúa desde varios miles en primavera hasta ser escasos en las épocas de escasez o en invierno.

La reina, como hemos dicho, es la única hembra fértil de la colmena y todos los demás integrantes de la colonia son descendientes suyos. La reina puede vivir durante más de tres años y es capaz de poner más de medio millón de huevos en el transcurso de su vida. En el momento álgido de la temporada de cría, a finales de primavera o comienzos del verano, una reina sana es capaz de poner unos 3000 huevos al día, cuyo peso puede ser superior al de la propia reina.  Una cifra como la anterior es excepcional, lo común es que la reina ponga unos 1500 huevos diarios. La reina nace a partir del mismo tipo de huevo que las obreras, las radicales diferencias morfológicas entre ellas se produce como consecuencia de la alimentación con jalea real de la larva que está destinada a ser reina. La reina influye en la vida de la comunidad mediante la producción y difusión en la colmena de un tipo especial de feromonas que sólo pueden ser producidas por ella. Uno de estos componentes bioquímicos inhibe el desarrollo de los ovarios de las abejas obreras e impide que puedan poner huevos.