Fecundación de las reinas

Es importante saber cómo se aparean las reinas, de esa manera se puede proporcionarles las mejores condiciones para que tengan éxito en su fecundación. Por ejemplo, una condición crítica para el apareamiento es el estado del tiempo.
Algunos de los hábitos de apareamiento de las abejas son los siguientes:
  • Las abejas se aparean en el aire. Los zánganos abandonan su colmenas y se congregan en sitios que se conocen como áreas de concentración de zánganos. Las reinas vírgenes parecen saber el lugar dónde se hallan situadas estas áreas y nada más abandonar sus colmenas se dirigen a este sitio. Allí algunos zánganos luego de fecundar a la reina mueren.
  • Las reinas vírgenes realizan varios vuelos de apareamiento que se pueden extender varios días seguidos. Tras estos vuelos las reinas quedan fecundadas de por vida. El esperma de los zánganos se almacena en el abdomen de la reinas, en especial en una parte llamada la espermateca. Este esperma recibe nutrientes desde el cuerpo de la reina y los espermatozoides se mantienen vivos mientras dura la vida reproductiva de la reina.
  • La reina copula con varios zánganos diferente, por tanto las futuras abejas de un colmena serán un conjunto de subfamilias. Todas las abejas en la colmena tienen la misma madre, que es la propia reina, sin embargo, los padres de distintas abejas también pueden ser diferentes porque el esperma almacenado en la espermateca de  la reina pertenece a zánganos distintos. Esta característica es crítica para el crecimiento de la colmena y su futura fortaleza y, al mismo, tiempo supone una selección genética.
  • Si por cualquier razón la reina no logra fecundarse, igualmente pondrá huevos, sin embargo, estos huevos sólo darán lugar a zánganos.
  • Después de su fecundación la reina sólo tarda unos pocos días en madurar y empezar a poner sus huevos en la colmena. Des de que la reina emerge hasta que comienza a poner huevos transcurren unas dos o tres semanas.

La vida de las abejas obreras


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as obreras tienen una vida más compleja y flexible que la vida de la reina o los zánganos. En apicultura todavía estamos lejos de entender todas las imbricaciones y las interacciones entre las abejas obreras, tampoco conocemos con exactitud la totalidad de las tareas que realizan en la vida social de las colmenas. A continuación vamos a dar una breve descripción.

Una cría de obrera cuando termina su desarrollo se encuentra en el interior de una celda de crianza y para salir al exterior roe el opérculo. Podemos observar a las jóvenes obreras que están saliendo del interior de las celdas si examinamos un cuadro con cría encapsulada. Después de que hayan transcurrido algunas horas desde su nacimiento, la joven abeja obrera puede ser reconocida por su pelo levemente blanquecino y sus torpes movimientos, es incapaz de picar o de volar durante su primer día de vida adulta y se alimenta de miel y polen con la finalidad de completar su desarrollo. El segundo día empieza a ayudar a la colonia con la primera de una serie de tareas: limpiar las celdas. Algunos días después se desarrollan sus glándulas de alimentación de las crías y empieza a secretar alimento destinado a las larvas. También acepta el alimento líquido que otras abejas le proporcionan y, a su vez, lo traspasa a las larvas y otras abejas. Días después alcanza la madurez necesaria para empezar a producir cera a través de las ocho glándulas que posee debajo del abdomen. Si la colonia necesita nuevos panales de cera, puede participar produciendo escamas de esta sustancia desde su abdomen y  moldeándola en forma de celdas hexagonales. Las obreras que son una o dos semanas más viejas pueden guardar la entrada, madurar la miel, forzar la circulación del aire a través del interior de la colmena mediante el batir de sus alas. Las obreras cambian de actividad a medida que envejecen y según las necesidades de la colmena.

A las dos o tres semanas la obrera realiza su primer vuelo de pruebas fuera de la colmena. La abeja se transforma, por así decirlo, de una abeja de colmena en una abeja de campo. En este primer vuelo traza círculos alrededor de la colmena que le sirve para ubicarla y memorizar las marcas que le permitirán localizarla. Después de un día o dos comienza a pecorear las flores de los alrededores de la colmena, recolectando néctar o polen, o ambas cosas. Luego que descubre una inflorescencia, se especializará en este tipo de flores ya que le gusta especializarse, porque pronto aprende a recolectar polen y néctar de un tipo determinado de flores y, asimismo, cuales son los sitios donde crecen y son abundantes. La especialización es una parte importante de la vida de la colmena. Algunas abejas también se especializan en la recolección de propóleo o en el acarreo de agua.

Durante la primavera y el verano la vida de la abeja obrera está más dedicada al cuidado de la cría y al forrajeo. Una obrera pecoreadora volará cada día muchos kilómetros y los bordes de sus alas se destrozan. Las obreras raramente viven más de dos meses en esta época. Las abejas que nacen a principios del otoño están destinadas a ser las habitantes de la colmena durante el invierno. Su trabajo en el invierno será arracimarse para producir calor. Las abejas supervivientes del invierno serán las que forrajeen y crien una nueva generación de jóvenes obreras que las reemplazarán. Las abejas de invierno deben vivir de cuatro a seis meses para ser capaces de realizar este proceso de supervivencia de la colmena. Por esta razón el apicultor debe conservar en el otoño tantas abejas como sea posible.

Un buen apicultor debe ser consciente de las diferentes tareas que realizan las abejas y la relación de estas tareas con la edad. Así:

  • Si el apicultor quiere dividir la colmena en dos o más núcleos, es conveniente dividirlas de forma que se repartan equitativamente el número de abejas jóvenes y viejas, o sea, que se aproximadamente igual en cada colmena el número de abejas forrajeras y el número de obreras que realizan otras actividades.
  • Se puede reintroducir una reina mejor en una colmena si se la pone en contacto con las abejas jóvenes.
  • Si una colmena se mueve durante el día se perderán muchas de las abejas pecoreadoras experimentadas y nos quedaremos sólo con las abejas jóvenes que están especializadas en la cría.

Sentidos del gusto y el olfato en las abejas


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as abejas de la miel tienen mucho mejor el sentido del olor que las moscas o mosquitos de la fruta, sin embargo, tienen el sentido del gusto mucho peor, según sostienen investigadores de la Universidad de Illinois.

El genoma de la abeja de la miel revela un notable desarrollo de los receptores odoríficos en comparación con las moscas y mosquitos de la fruta; por otro lado, el mismo estudio del genoma revela una menor proporción en los receptores del gusto.

Las abejas (Apis millifera) poseen 170 receptores del olor, mientras que las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster)  tienen 62 y los mosquitos (Anopheles gramblae) 79. El superior número de receptores odoríficos de la abeja es la base de sus notables capacidades olfativas, lo cual también incluye la percepción de las feromonas, el reconocimiento de los congéneres y la comunicación social dentro de la colmena.

Asimismo, las abejas utilizan el olor para la localización de alimentos. Las abejas pecoreadoras cuando salen al campo disponen de una cantidad enorme de flores para libar, sin embargo, eligen en base a sutiles señales olfativas. El gran número de receptores del olor permite a las abejas encontrar una clase determinada de alimentos y, por otro lado, comunicar la localización a las otras abejas de la colmena.

El bajo número de receptores del gusto en las abejas puede ser explicado en términos evolutivos ya que las plantas mantienen con las abejas relaciones de beneficio mutuo. Las abejas encuentran alimento en las plantas, mientras que éstas son polinizadas con una mayor efectividad; de esa manera las plantas no han tenido que defenderse evolutivamente de la presencia de las abejas, sino más bien al contrario, ya que les son útiles para su propia reproducción; por tal causa las plantas no han desarrollado toxinas que disuadan a las abejas de libar en sus flores y tampoco estos insectos han desarrollado en demasía los receptores que permitirían detectar los eventuales venenos.

Si bien las abejas de la miel no necesitan de un elevado número de receptores del gusto, en cambio necesitan una mayor cantidad de receptores del olfato que sean capaces de detectar señales químicas, tales como las feromonas, las cuales controlar la actividad social dentro de la colmena.

Por ejemplo, las antenas de los zánganos están especialmente adaptadas para detectar las feromonas de la reina ya que su única tarea es fecundar a la reina virgen.

Fuente: Material adaptado procedente de la Univesity of Illinois at Urbana-Champaign y publicado en Science Daily

Hugh Robertson, professor of entomology and an affiliate of the university’s Institute for Genomic Biology.

La feromona de la cría abierta

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uando la reina de una colmena desaparece las obreras empiezan a poner huevos. Esta situación nunca se producirá si, aun careciendo de reina, la colmena todavía tiene panales con cría. La feromona de la cría abierta (BP o Brood Pheromone) impide la construcción de celdas reales, también impulsa a las obreras a cuidar de los huevos que han sido puestos por la reina y, además, no permite que los ovarios de las abejas obreras se desarrollen. Cuando desaparece la reina de una colmena, como es obvio, también desaparecen las puestas de huevos en las celdillas destinadas a la cría y, por ende, al cabo de unos días no encontraremos larvas, que se habrán transformado en pupas y éstas en abejas adultas. Antes de de que transcurran treinta días sin que haya aparecido una reina (puede introducirse artificialmente) , las obreras desarrollarán sus ovarios debido a que ha desaparecido la feromona de la cría abierta, tras este cambio fisiológico estas obreras estarán en disposición de comenzar a poner huevos que no están fecundados; mejor cabría decir que las obreras comienzan a poner óvulos que no están fecundados. Esta actividad atípica de la colmena tiene como resultado que, al cabo de unas semanas, la colmena se puebla de zánganos haciendo inviable la continuidad de la comunidad.

Por otro lado, la presencia de la feromona de la cría abierta estimula a las abejas pecoreadoras en búsqueda de polen. Los investigadores de la apicultura consideran muy probable que la presencia de larvas de zánganos impulse más a las pecoreadoras a la búsqueda de polen que la presencia de larvas de abejas obreras, esta podría ser la explicación de la mayor presencia de polen en las colmenas zanganeras.

Manipulación de los zánganos en la inseminación artificial

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a edad de los zánganos destinados a la obtención de esperma para la inseminación artificial de las reinas debe ser, al menos, de 16 días. La edad de las reinas y los zánganos utilizados para la práctica de la inseminación artificial es importante, ya que es conveniente que sean sexualmente maduros.  Las reinas vírgenes deberían tener entre 6 y 9 días de edad en el momento de la inseminación. Las reinas inseminadas que tengan menos de esa edad tienen una alta tasa de mortalidad y aquellas reinas que se inseminan después de que hayan transcurrido 12 días de su nacimiento tienen una menor capacidad para almacenar esperma.

Eversión del endofalo de los zánganos.

Los zánganos deben estar sanos y sexualmente maduros para la obtención de semen. El zángano es fácilmente estimulado mediante un proceso que consta de dos pasos: la eversión total y la evasión completa. Normalmente se obtiene una eversión parcial simplemente sosteniendo al insecto entre los dedos por la cabeza y el tórax y estimulando el abdomen. En ocasiones es necesaria la aplicación de una suave presión para provocar la eversión. Durante la eversión parcial, el abdomen se contraerá y expondrá el cuerno del endofalo. No se debe aplicar presión a los lados o en la parte anterior del abdomen y se debe tener cuidado en no apretar el abdomen.

Para obtener una eversión completa, aplique presión a los lados del abdomen con los dedos índice y pulgar. Apriete el abdomen lateralmente empezando en la base y extiéndala hacia la punta masajeando con los dedos mediante un continuo y constante movimiento. Esta presión obliga al endofalo a salir hacia el exterior y mostrar el semen, que es de color crema sobre un lecho de moco blanco. Hay que tener un especial cuidado en evitar la contaminación del semen.

Este texto es traducción de parte del contenido de una web que ofrece el instrumental necesario para la inseminación artificial de reinas; también contiene una guía práctica con fotos. La página cuenta con textos en inglés y alemán.

El copyright de la foto que acompaña este artículo pertenece  de la página mencionada.

La reina



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na colonia de abejas se estructura socialmente en tres castas de abejas:

  • La reina, que es, normalmente la única abeja hembra fértil.
  • Las obreras, cuya cantidad en una colmena oscila entre las treinta mil y los cincuenta mil individuos.
  • Los zánganos, cuyo número fluctúa desde varios miles en primavera hasta ser escasos en las épocas de escasez o en invierno.

La reina, como hemos dicho, es la única hembra fértil de la colmena y todos los demás integrantes de la colonia son descendientes suyos. La reina puede vivir durante más de tres años y es capaz de poner más de medio millón de huevos en el transcurso de su vida. En el momento álgido de la temporada de cría, a finales de primavera o comienzos del verano, una reina sana es capaz de poner unos 3000 huevos al día, cuyo peso puede ser superior al de la propia reina.  Una cifra como la anterior es excepcional, lo común es que la reina ponga unos 1500 huevos diarios. La reina nace a partir del mismo tipo de huevo que las obreras, las radicales diferencias morfológicas entre ellas se produce como consecuencia de la alimentación con jalea real de la larva que está destinada a ser reina. La reina influye en la vida de la comunidad mediante la producción y difusión en la colmena de un tipo especial de feromonas que sólo pueden ser producidas por ella. Uno de estos componentes bioquímicos inhibe el desarrollo de los ovarios de las abejas obreras e impide que puedan poner huevos.